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Regularidad bajo presión: concentración y constancia en Alcarràs

El pasado 6 de junio tuve la oportunidad de participar en una nueva prueba del Classic Series de regularidad, celebrada en el circuito de Alcarràs. Una jornada que terminó con una satisfacción especial: un segundo puesto, solo por detrás de Carles Miró, al volante de mi Porsche 964 Carrera.

A simple vista, una carrera de regularidad puede parecer menos intensa que una competición de velocidad. Sin embargo, quienes la practican saben que el verdadero reto no está en ser el más rápido, sino en ser el más constante. Mantener el ritmo vuelta tras vuelta exige una concentración absoluta, precisión en cada referencia y una compenetración perfecta entre piloto y automóvil.

En Alcarràs, además, las condiciones añadieron un punto extra de dificultad. Aunque el cielo permaneció nublado durante buena parte de la jornada, el calor fue constante. Dentro del coche la temperatura se hacía notar, y con el paso de las vueltas el desgaste físico comenzaba a ser un factor más de la competición. En este tipo de pruebas no solo hay que conducir con precisión; también hay que administrar el esfuerzo y mantener la mente fría cuando el cuerpo empieza a acusar el cansancio.

El Porsche 964 volvió a demostrar por qué sigue siendo un coche tan especial. Noble, preciso y comunicativo, permitió disfrutar de cada vuelta en un circuito tan técnico como Alcarràs, donde cada pequeño error puede traducirse en una penalización.

Regreso de esta prueba con la satisfacción del resultado, pero sobre todo con la sensación de haber disfrutado de una disciplina que premia la constancia, la disciplina y la capacidad de mantener la concentración durante toda la carrera. Porque en la regularidad, como ocurre también en la aviación, la excelencia rara vez depende de un instante brillante; nace de repetir cada maniobra con precisión, serenidad y confianza.

Nos vemos en la próxima cita.